Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

mentiras argentinas

Viernes, 07 de abril de 2006

Últimas confesiones... y fin

Estoy en el bar de siempre. Sí, ése al que Lüar y Hamlet concurren asiduamente. Por eso no hace falta cita. Sé que vendrá. No en vano soy el autor, para bien o para mal, de toda esta historia de verano. Mientras revuelvo el azúcar que se disuelve con nobleza gaucha en el cortado (esa manera de disolverse cabe mejor en un mate, creo), pienso en cómo lo tomará. Esto de la despedida, digo. Luego pienso que tiene que tomarlo bien porque, al fin y al cabo, pudo haber otras decisiones típicas de taller literario: un accidente automovilístico, justo cuando va a retirar un dinero grande por una nota o un libro periodístico, por ejemplo. No. No. Lo va a tomar bien. De última, si se pone en caprichoso, estampo la firma y se terminó. Aunque no es mi estilo. Ahí viene. Lo veo a través del enorme ventanal por el que entran con absoluta libertad los primeros rayos del sol. Ahí viene. Es exactamente mi inverso. Es rubio de verdad, con ojos de hielo, casi transparentes, ni muy alto ni muy bajo, de andar cansino, típico sueco haciendo turismo. Yo soy todo lo contrario: morocho, alto, fornido, pintón, típico potro latin lover ( ya empezaban a suspirar, se lo creyeron, guachas!!!!). Algo hay, en esto de las diferencias, él es Lüar; yo, Raúl. Él es de Linköping, yo soy de Rosario. Para qué seguir.
Entra en el bar sin recorrer las mesas con su mirada. Viene directamente a la mía. Lo escribí así, y así es, amigas lectoras, amigos lectores. Le explico que estoy aquí para despedirme. Yo te he creado, le digo, pero no soy ni tu padre, ni tu dios; sólo un humilde autor. Me dice que justo ahora, que ha acomodado algunas cosas para vivir mejor. Y lo seguirás viviendo, en un mundo abstracto, le digo, para que puedas contarlo en otra oportunidad, el verano próximo, tal vez. Le pido un cortado, sin preguntarle. Sé que va a aceptar. Por qué viniste, me dice, fracasaste. Sí, sí, fracasaste, me alza la voz. Seguro que si los lectores te lo pedían, seguías escribiendo todas las semanas. Le digo que no, que lo pactado eran veinte capítulos, para pasar el verano. Ah, claro, ironiza Lüar, me das cuatro capítulos de regalo. Qué boludo, se reprocha, cómo no te lo agradezco infinitamente. Le pido que no siga. No es de hombres reprochar. De hombres no, me dice en voz baja, pero de personajes sí. Para congraciarme con él, le comento que reaparece en mi novela “Sólo dos horas”, como un escritor nórdico de renombre que deslumbra a los protagonistas con hermosos cuentos de perdedores. Hace un gesto sobrador ante el cortado que le pone el mozo frente a su nariz. Mientras revuelve el azúcar (no teman, lo de nobleza gaucha ya fue), mueve la cabeza, desconfiado. Para rematar le prometo que aparecerá en mi próximo blog, el verano que viene, llamado por ahora “Los nostálgicos”. Basta, basta, me dice, basta de política absurda. Me duele esta corta vida, que ya ni sé cuándo comenzó. Lüar, le comento a modo de confesión, comenzó cuando Luz te abandonó, y de a poco fuimos construyendo una memoria, en Suecia, y, acá, en Argentina. No seas jodido, che. Es como tomarse vacaciones. Fuiste el revés de mi persona, ante cada situación parecida que vivimos. Ante el periodismo, ante la reparación de un electrodoméstico, ante las relaciones de pareja, actuaste al revés que yo. Sin embargo, algo me preocupa, me confiesa en tono poco amistoso, qué va a pasar conmigo apenas salga de este bar. ¿Quién te dijo que vas a salir de aquí? le digo con sarcasmo. ¡Viste! ¡Qué hijo de puta! ¡Me vas a matar, o a hacer matar! Ahora seguro que entra alguien con intenciones de robo, y empieza a los tiros. Es de escritores de cuarta, delira Lüar. No, pequeño pelotudo ilustrado, fue una broma, le respondo, soy de cuarta, pero no a ese extremo. Puedo hacer que salgas, y cuando atravieses el umbral te sientas liberado de mi birome y cruces distraído la calle para que te atropelle un colectivo. Pero, no. No será así. Puedo necesitarte para otro blog, otra novela, otro guión, otro cuento, no sé. Por eso, te conviene no insultarme demasiado. Porque en otra historia pueden aparecer Luz y Nova, más sexys que nunca y vos estar impotente. Te conviene comprender que uno se enamora de sus personajes, convive con ellos, hasta que como todo ciclo, se termina, se busca un impasse. Uno crea historias para homenajear y para revivir. Yo estoy aquí, como el maestro Migré en el último capítulo de “Rolando Rivas, taxista”, cuando le hace señas y sube al tacho que conduce su personaje, para confesarle que él es quien lo creó, quien le escribió los mejores y los peores momentos de su historia. ¡Hijo de puta! dice Lüar. Estas plagiando. Sonrío levemente: estoy homenajeando. A veces, le digo con firmeza, estoy parodiando, a veces estoy creando y, a veces, estoy tratando de vivir como me hubiera gustado. Uno se pone contento, Lüar, cuando a su personaje le va bien. Tus mujeres, tus notas, tus sueños, tus logros pasaron por aquí, y fueron vistos por nuestros lectores, que nos hicieron saber, en sus comentarios de blog y en sus e-mails privados, que rieron y pensaron. ¿Qué más podemos pedir? Otro cortado, eso podemos pedir, para quedarnos charlando un rato más y ser más amigos. Lüar se levanta, se niega a tomar otro cortado y me confiesa que va a salir, a lo que sea. Le digo que salga tranquilo, que a partir de este momento no pienso más en esta historia, que es su ventaja, que tal vez lo espera alguien o no, que camine todo el tiempo sin importar el rumbo, porque esas cosas escondidas aparecerán en otras páginas. Me robaste la primera persona, Raúl, me recrimina. Esperaste hasta el último capítulo para robarme el protagonismo, me dice iracundo mientras le cae una lágrima por su pálida mejilla. Le tiendo la mano, me la aprieta con resignación, más que con convicción de amigo. No te robé nada, le digo, todo el mundo preguntará por vos, no por mí. ¿Cuándo vuelve Lüar? ¿Qué es de la vida de Lüar? Vos te vas para allá, y yo para acá, como en un espejo: Lüar, Raúl; Raúl, Lüar. Me levanto, rodeo la mesa, me abrazo con Lüar y le agradezco el verano que me ayudó a pasar. Mientras me mira sin querer soltarme la mano, pienso en estas últimas confesiones... y fin.

Por: Lüar Nömar | General | Comentarios (6) | Referencias (0)

Comentarios

Gracias por compartir este tiempo de historias recíprocas.Volveré el verano que viene. ¿Volveré?

Raúl | 07-04-2006 21:42:49

Excelente historia.Sorprende el final.
A veces, algunos capítulos parecían completamente verídicos.
Lüar tiene que reaparecer en una novela completa.
¡Felicitaciones por la creatividad!

Alberto | 07-04-2006 22:44:13

¡¡¡¡¡¡¡BOLUDO!!!!!
¿No ves que caso me pongo a llorar en el cyber?¿Que ya alcancé la cuarentena y me descompongo en lágrumas en cualquier parte , sin ningún pudor?

¿Qué vamos a esperar, ahora, los días viernes?


Lüar: esperaremos tu eterno retorno.

Döhmer Vejstrup | 08-04-2006 13:37:58

Bueno, bueno, en todo caso el martes 11, nos reunimos en La Máquina, con los bookcrossers, y además de intercambiar libros, nos ponemos a llorar juntos.

Raúl | 08-04-2006 18:29:18

Felicitacines, Raúl, por Mentiras argentinas, por tu nueva novela, por tus proyectos.
He compartido tus mentiras en Foroarte y Crearpoesía durante todo este tiempo, espero el próximo verano para la derretirme en nostalgia.
Saludos.
Marta.

Carmiña. | 15-04-2006 10:35:16

Parece que todo esto es nAda más que Amores de Verano . Porqué ? Sos como Shakespeare. " sueños de una Noche de Verano" Qué pena! Porque estaba bueno Adriana

adriana | 17-07-2006 15:52:38

Comentar


Recordar datos

Acerca de

la novela de un narrador que vive semana a semana

Categorías

Sindicación

Añadir a Feedness
RDF XML ATOM

Créditos

Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com

LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009