Viernes, 03 de marzo de 2006
He mirado tantas veces el sobre hasta que todo se tornara mentiroso. Hasta que todo pareciera un sueño, imposible de ser real. He leído la carta y he sabido que Nova Larsenvidt ha vuelto a mi vida, con su corazón tan blanco. Y he recordado que cuando siendo niño he amenazado con suicidarme con una pistola lanzaaguas y Nova estuvo allí para recordarme que la vida es más significativa que ese momento estúpido, el de creer que una pistola lanzaaguas podría provocarme algún daño. He recordado a Nova durante toda mi educación secundaria en Rosario. Nunca pude olvidar su cabello, sus ojos transparentes, y sus manos frágiles que acariciaban con ternura.
Nova me dice que viene hacia aquí, que nuestro amigo y reparador de bicicletas personal, hoy actor internacional, Döhmer Vestrup, le hizo saber de mí, y que ella no pudo olvidarme. Procuré olvidarte, me dice, en cada mañana, frente a la montaña donde nos besamos, procuré olvidarte. Y yo pienso que hace años que soñé con ella, y no pude olvidar su belleza. Recordé nuestras caminatas de niñez en Linköping, lejos de casa, con la ciudad llena de infinitos carteles que no decían nada, nena, digo Nova. El aerosol en la mano, escribiendo frases de amor en esos carteles. Nova, Nova, Nova. Te quiero, te extraño, nada es igual al ayer, oh, oh, oh, nada, oh, oh.
Recuerdo la pelea feroz que tuve con mi psicoanalista cuando le mencioné por primera vez mi conflicto interno amoroso. Según él, yo deseaba una Nova, por complejo de inferioridad, porque no quería conformarme con una Luz Leal. Usted, me decía, debe seguir a su Luz Leal, ella iluminará su camino. Una Nova es algo inalcanzable, una utopía, mi amigo. Déjese de jorobar, me remarcó, págueme la consulta y vaya a echarse un polvo con su Lucecita. Me indignó, realmente, porque parecía una curandera de cuarta y no un profesional. Le pagué la consulta, le dejé propina, lo tomé de las solapas del saco de botones dorados que llevaba siempre y le dije que cuando nos viéramos en la calle, cruzara de vereda. Fue la última vez que lo ví. Esa noche, hice el amor con Luz Leal, pero pensando en Nova Larsenvidt.
Sigo con su carta en mi mano. Nova me dice que le interesaría montar una agencia turística en Rosario, dadas las circunstancias. Pero que, por sobre todo, desea verme. Me dice, para que las cosas queden claras, que no tiene pareja, que nunca la tuvo, que está más libre que un taxi en un día soleado. Me encandila su prosa. Nova Larsenvidt, cómo podría olvidarte, si a cada paso de mi vida en Argentina, había un motivo para recordarte. Tomaba un plato de sopa y te recordaba, porque a vos no te agradaba esa poción con afán de castigar a los niños. Salía en bicicleta y recordaba cuando íbamos a lo de Döhmer a que le pusiera un parche, mientras tomábamos una chocolatada y veíamos la versión japonesa de Heidi en dibujitos. Veía el sol todas las mañanas y te recordaba, estaba nublado y te recordaba. Pero la mayor impresión fue cuando durante el mundial de fútbol del ’78, aquí en Argentina, vino tu hermano a jugar para nuestra selección, y todos los chicos del barrio y de la escuela lo buscaban porque era la figurita más difícil para completar el álbum. Yo te buscaba a vos, y sabía que eras una figurita difícil. Cómo olvidar cuando en una excursión de la escuela al zoológico de Linköping, te defendí con una rama de árbol añoso de un oso polar que bramaba tras las rejas, queriendo quitarte el paquete de galletitas rellenas “Börg”. Cómo olvidarte, Nova Larsenvidt.
Lo de la agencia de turismo en Rosario, no sólo no me preocupa, todo lo contrario, me abre una posibilidad laboral a sumar a los artículos para el portal de esos locos amigos, y a las notas que encaramos con Hamlet. Podríamos hacernos cargo del local y ver qué pasa. Lo que me preocupa es la expectativa que traés, Nova. Tu negocio en Rosario será tu batalla, así que cuando estés aquí el día de mañana, en la batalla piensa en mí, y te aseguro que seremos felices. Me decís que venís la semana que viene para sondear el lugar y comprobar si los datos que te pasó Döhmer son veraces. Estás viniendo en avión, y luego en micro hasta Rosario. Llegás por la tarde, y te esperaré, creyendo reconocerte entre todas las almas que vagan por la Terminal de Ómnibus Mariano Moreno.
Nova Larsenvidt, bienvenida a esta historia sin histeria. Sabrás que no podrás escapar del lado de acá, quedarás atrapada entre cronopios y famas. Será nuestro final de juego después de tantos años, porque queremos tanto a Döhmer y porque nos debíamos esta oportunidad.
Por: Lüar Nömar | General | Comentarios (1) | Referencias (0)
alfonso | 10-03-2006 10:30:34
la novela de un narrador que vive semana a semana
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com