Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

mentiras argentinas

Viernes, 13 de enero de 2006

Crónicas de Martes: el libro, la mala suerte y el agujero

El martes por la noche, luego de haber pasado la tarde con Greta, iba a una reunión de bookcrossers, en Entre Ríos y Urquiza, bar en el que se junta toda la crema prominente de la literatura rosarina actual, frente al edificio donde nació el Che Guevara, para más datos. Iba, decía, cruzando el ya casi en penumbras Parque de la Independencia, a la altura del laguito. Llevaba bajo el brazo un libro que amé tanto en mis momentos de soledad: “La tregua”, de Benedetti, en una edición viejísima. Cuando paso junto a uno de los bancos, frente a uno de los carritos pororeros, me doy cuenta de que hay un libro solo y abandonado. Me arrimo con cautela, no sea cosa de que se trate de una trampa, y lo tomo entre mis manos. Era “Crónicas de Narnia” de C. S. Lewis, el tomo del león, la bruja y el armario (ya sé, cinéfilos, el ropero, el ropero; pero vean el libro). Edición nueva, tapa atractiva, aparentemente sin usar. Lo habrá dejado un bookcrosser, pensé. Seguí camino con el libro en mi mano. Lo fui abriendo a cada paso. Las bombas alemanas caían sobre Londres, los niños huían a pedido de su madre a la casa de un profesor, en un viaje en tren. Una vez en la nueva casa, la más pequeña de los hermanos, se introduce en un armario e ingresa en un mundo desconocido. Allí fue cuando sentí que mis pies estaban en el aire. No me internaba en otro mundo desde “El otro cielo”, de Julio Cortázar. Caía en una inmensurable oscuridad, fría, desconocida, hasta que tocaba fondo con el culo y las rodillas golpeadas tras una serie de rebotes. Sólo una pequeña luz lejana, allí arriba, me daba alguna esperanza. A mi lado pasaban ratas malolientes que me observaban como si yo fuera lo extraño en ese mundo. Hacía frío, mucho frío. Una voz estentórea se oyó desde el más allá. “Soy el pororero”, decía. “Mantenga la calma que pediré ayuda”, me gritó. Pensé que debía trasladar mi mente a otro plano. Utilicé el diminuto rayo de luz para seguir leyendo sobre Narnia, mientras un salvaje alacrán comenzó a trasladarse sobre la página. Me pareció que me miraba y murmuraba un: je, je, je. Mi imaginación da para mucho, créanme, sobre todo si estoy bastante asustado. No era tiempo de maldecir a nadie, aunque ya llegaría ese momento. Sólo pensaba en el frío que hacía allí abajo, después de varios días de cuarenta grados a la sombra que hizo en mi ciudad. Continué leyendo. Me atrajo la bruja. Pensé si tendría sexo con todos esos personajes mitológicos, o era la falta de ese ejercicio lo que la convertía en más ambiciosa de poder. Tal vez si me hubiera conocido a mí: Lüar, el centauro. Tal vez su cama de hielo se hubiera derretido en minutos. Tal vez, hubiéramos reinado juntos en Narnia para siempre, y hubiéramos mandado eternamente al león a comprar preservativos no sé dónde. Y los niños, ¿qué haríamos con los niños? Al fin y al cabo, eran los protagonistas. Ya me estaba acostumbrando a ella, la bruja blanca, que curiosamente tenía el rostro de ella (mi ex mujer), cuando un bombero zapador me gritó que tuviera paciencia, que ya me arrojaría la soga.
Y así fue. Me rescataron de ese submundo y apenas asomé a la superficie los flashes me encandilaron. Estaban las cámaras de canal tres y canal cinco, y algunos fotógrafos de los diarios. También algunos curiosos con sus camaritas digitales, tal vez para enviar sus fotos por correo electrónico y reírse de este boludo que se cayó en una alcantarilla que no tenía tapa, y maldigo a la municipalidad, a aguas provinciales, o a quien le quepa el sayo, por no cuidar a la gente.
Me fui hasta lo de Hamlet, que vive por ahí cerca. Cambiarme de ropa y ducharme, o viceversa, me vendría bien. Apenas toqué timbre, Caporosso se asomó con una sonrisa y sin sorpresa. Ya me había visto por televisión, en vivo y en directo. Bravo por una vacaciones en mi ciudad.


Por: Lüar Nömar | General | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

Me lo dijo Ag,hace años,en la querida Suecia, mi primo Lüar vive en babia.Babia con minúscula, no se crean que es alguna pequeña y encantadora localidad sueca.

Döhmer Vejstrup | 15-01-2006 22:26:54

¿Seguro que era en babia? ¿No era Narnia?

Lüar | 18-01-2006 09:10:07

Comentar


Recordar datos

Acerca de

la novela de un narrador que vive semana a semana

Categorías

Sindicación

Añadir a Feedness
RDF XML ATOM

Créditos

Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com

LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009