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mentiras argentinas

Viernes, 11 de noviembre de 2005

Sueños, sólo sueños

Algunas semanas transcurren como si las anteriores no hubieran existido. Ésta que pasó, me ha inducido a creer que por años no había soñado tanto, y por eso vinieron todos los sueños juntos. El domingo, por ejemplo, tras recibir el impacto de encontrarla en el parque rodeada de amigas a las que hacía varios años que no veía, tuve un sueño que se pareció más a una burla grosera que a otra cosa. Ella, sí, amigos y amigas lectores y lectoras, de ella hablo, tomando mate con severos anteojos para sol, cual estrella hollywoodense tras divorciarse de Brad Pitt. Y en el grupo, por supuesto, estaba la insoportable de Cristina Wolf, una especie de Jeanine Garófalo sin su simpatía, que tuvo un altercado conmigo años atrás en una fiesta de fin de año en una quinta de Funes, a metros del aeropuerto, en pleno estado de no superar una prueba de alcoholemia. Porque yo siempre estuve ferozmente enamorado de ella (mi ex) y Cristina no se lo bancó. Competencia pelotuda entre amigas (¡qué amigas!). Les decía que el domingo sobrevino el primer sueño. Era de noche, en el sueño por supuesto, la luna se reflejaba cual dama nupcial sobre las aguas calientes y nocturnas del Paraná, a la altura del estadio de Central. Allí había un concierto: Diego Torres. Tras entonar a su manera, “Color esperanza”, su remanido tema (y de Coti, valor de mi ciudad, carajo), presentó a su banda: en guitarra fulano, en bajo mengano, en vientos, qué sé yo, un huracán; en batería: Lüar Nömar. Y todo el estadio aplaudiendo, incluida ella, que arrojaba su mate para aplaudir, junto a la Jeanine amarga que compartía el césped, localidad preferencial. Me aplaudían con innegable admiración.
El lunes fue diferente. Todo el día estuve buscándole un significado a ese sueño. Releí algunos libros, llamé a una astróloga que por diez pesos me dijo que si me volvía a ocurrir la llamara nuevamente, y salí a caminar después de cenar un par de familiares de mortadela. Anduve varias cuadras, despacito, con una brisa fresca lamiéndome el rostro, como una canción de Sabina después de una derrota de mi equipo de fútbol. Me acosté tranquilo. Leí unas páginas de un libro viejo de Fresán (el único que me gustó): “Historia Argentina”. Y me dormí. Transcurría apaciblemente la madrugada hasta que comenzó a proyectarse otro sueño. Yo golpeaba el palillo de la batería con suavidad, pero con ritmo incesante. Thelonius Monk al piano. Marsalis al saxo. Y Libertad Lamarque entonando, también a su manera: “Bring on the night”, de Sting. No me presentaban. La gente aplaudía en la oscuridad y yo recibía un mensaje como telepático que aprobaba mi actuación. Desperté con la sensación de volver del paraíso. Fui hasta la cocina buscándole un significado. Preparé café y encendí un cigarrillo. Comencé a practicar poses de Bogart, de Dean, de James Dean, la precuela de Di Caprio. Entrecerraba los ojos e intentaba inventar frases para levantar chicas no tan chicas a mis cuarenta. No sé si lo conseguía. Sólo notaba un progreso en mi forma de fumar, exhalando el humo a menta con suavidad, como seduciendo a la chica invisible que nos acompaña en todo momento (una especie de ángel guardián de la adolescencia, aunque ya no soy adolescente... creo). Ya casi no tosía al fumar, y era bueno, porque la primera vez que lo hice fue el día en que ella me dejó. Me dije: algo tiene que cambiar. Y cambió. Fue estupendo, me sentí más hombre, y supe automáticamente que el dinero que me alcanzaría para tres meses, sin una nueva ocupación, se iba a reducir a dos meses.
Una de las cosas que me sorprendió al realizar el balance fue que hacía mucho tiempo que no íbamos al cine. Creo que fue “Il postino” la última vez que lo hicimos juntos, aprovechando una promoción de dos por uno. La película nos gustó tanto que ella corrió a una librería de viejo para encontrarse con un libro de Neruda, mientras yo pasaba por cuanta lencería se me cruzaba y sólo pensaba en Beatrice Russo (y repetía la pronunciación estirando los labios como un idiota enamorado, al igual que el personaje de Troisi). Ayer sobrevino otro sueño que tiene que ver con ésto, con el cine quiero decir. En la primera secuencia (vale hablar con propiedad), aparecía ella (mi ex) apuntando con un revólver en un restobar y recitando unos salmos o algo así. En la segunda secuencia, corríamos los dos bajo la lluvia mientras de fondo sonaba “Gotas de lluvia caen sobre mi cabeza”, por un callejón en penumbras, mientras detrás de un contenedor para residuos asomaba E.T. diciéndonos: mi casa, mi casa (pobre, pensaba yo, de hollywood a este basural). Todos los pensamientos eran veloces, no daban tiempo a la reflexión, telepatía pura. De pronto hallábamos un par de skates y nos disponíamos a huir de allí, cuando apareció en la punta del callejón Poncharello, el de la vieja serie Chip’s, con su motocicleta al lado y su chapa de policía, apuntándonos sin decir palabra. Como no estábamos dispuestos a entregarnos, disparó. Me crucé y recibí la bala que se dirigía tan rauda como perversa hacia el corazón de ella. Ella no paraba de llorar y de gritar: socorro, llamen a Batman, llamen a Batman. Pero fue tarde. Morí al instante mirándole a los ojos y chorreando un hilo de sangre desde mi boca hasta el cuello de mi camisa, como corresponde a toda película de acción. Pero en el sueño había una tercera secuencia. Ella y yo estábamos en una plaza, frente al restobar, esperando a alguien. Caía el sol cuando apareció Tarantino y nos dio un arma a cada uno, mientras nos decía: cuando diga acción, entren y ya saben lo que tienen que decir.
Me desperté aliviado. Sólo había sido un sueño mal montado o montado a lo “Rayuela”, la novela de Cortázar. Pensé en el dato que me había pasado Felipe. Pensé que debía seguir camino. Y, sobre todo, pensé que tenía que comenzar a acostumbrarme a cruzarme con ella hasta en los sueños. A menos que... me cruzara con Hamlet, el hombre que resistía en soledad.

Por: Lüar Nömar | General | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

Cada semana espero con ansias recibir un nuevo episodio de MENTIRAS ARGENTINAS. Me recuerda mi paso por ese precioso país, en el que coseché tantos amigos.....
DV

döhmer vejstrup | 12-11-2005 10:34:29

O.K, O.K, esto ya me está enganchando. Vamos, que ese Hamlet es de los pocos que hay.

Alberto W | 14-11-2005 09:08:52

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la novela de un narrador que vive semana a semana

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